-¡Señorita, tengo una queja!, hace tiempo que he despertado de un sueño y la realidad es muy cruel, ¿qué puedo hacer?
-Joven, lamento comunicarle que usted despertó al mundo real.
-Lo sé, ¿hay alguna forma de cortar ese servicio y volver a un estado onírico?
-Lamento comunicarle que solo tenemos dos soluciones. La primera y la más cercana es a través del sueño cotidiano. Esto, por lo menos, le permite alejarse del duro camino llamado vida por algunas horas. La segunda solución, aunque drástica, es el sueño eterno, pero yo le recomendaría que opte por la primera es de corta solución, pero trae consigo la oportunidad de, al despertar, poder seguir viviendo este camino lleno de injusticias y desacuerdos.
-Entonces, tenemos un plan A y un plan B, pero todas las compañías donde se reciben quejas, siempre tienen un plan C. ¿Ustedes no lo tienen? El primero, ese soñar cotidiano, ya me cansé de él, duele mucho más ver el alba que no soñar. Si no hay plan C, optaría por el B.
-Un plan C podría ser la locura o la amnesia, pero, ¿cómo podría lograr uno, por lo menos, de aquellas dos opciones?
-La locura me gusta más que la amnesia, porque aparte de soñar me gustan los recuerdos (es como volver a tener el olor del eucalipto entre mis dedos), ¿la locura es más duradera que el sueño cotidiano?
-Yo creo que sí, porque en el sueño cotidiano uno sabe que en cualquier momento tiene que despertar, por más que al pasar de las horas sigan allí las ilusiones presentes del sueño aquello; pero la locura es un sueño constante, es más, ni sabes que esos sueños son parte de tu vivir y toda la vida es como una profunda irrealidad además que podrías disfrutar de la sinrazón y creer que lo llamado imposible es lo real.
-Me estoy convenciendo en adoptar el plan C de su servicio, pero debo de preguntarle algo importante para poder adquirirlo: ¿Cuánto cuesta?, y dígame: ¿Tiene ofertas y promociones?
-El costo es un poco elevado, pero le garantizo la tranquilidad. Sería el resto de lo que queda de su vida. La promoción que le ofrecemos es que nunca más tendría que preocuparse por el mañana, lo cual le traerá la paz tan querida por usted, creo que con esa promoción la oferta está de más.
-Yo pensé que me cobraría la razón y me pide el resto de mi vida, entonces ¿qué lo diferencia del sueño eterno?
-Es cierto, para usted sería la razón. Pero para nosotros sería el resto de su vida ya que, precisamente, estaría, para nosotros, muerto en vida. Como dicen algunos: El hombre sabe y garantiza estar viviendo porque goza de la razón. Si opta por el plan C y ya no tendría razón, ¿podría llamarle vida al movimiento involuntario de su organismo?
-Entonces si decido la locura sin mi razón para soñar el tiempo sobre esta tierra ¿sería un muerto en vida?, pero el soñar con la locura constante siempre pensé que se llamaba vivir. ¿Está segura que esas son las reglas de su compañía? Yo siempre he contratado la compañía "Tarjeta Azul" porque me gusta el azul por ser sublime, pero me atreví a preguntar por la "Tarjeta Naranja" porque su voz me había atrapado por el teléfono.
-Joven, lamento comunicarle que tal vez esté equivocado. Yo no atiendo llamadas por teléfono y algo más. Al tipo de locura al cual suelo referirme es a la enfermedad cuyos llamados psiquiatras le han asignado ese nombre a la locura: a la cual usted se refiere, es a la característica neta del ser bohemio. Esa locura el artista la elige, mas no escapa de su realidad del todo, ya que si fuera así, usted no estaría presentando esta queja.
-Entonces: ¿Cómo puedo hablar con usted? ¡Así que usted se refería la demencia!, yo me estaba ya haciendo la idea de optar por la locura. Ahora incluso parece que mi queja ya no tiene fundamento, creo que he vuelto a despertar: ¡cómo duele el alba! Y creo incluso, que sigo con el servicio de la Tarjeta Azul.
- ¡Ja!, pero el naranja trae alegría, entusiasmo, el naranja trae tranquilidad: gracias al color naranja podría descargar toda esa energía negativa que ha dejado que invada su vida.
-Aún así su servicio no me convence, por el momento, seguiré con mi anterior servicio, parece que me he equivocado de quejarme con la compañía. Así fue, debo de quejarme con la Tarjeta Azul, hay un descuento por enajenaciones que, de cuando en cuando, utilizo y me regala aquella compañía. Seguiré anonadado por esos productos que hacen que viaje al Olimpo donde Nietzsche reniega con razón de Sócrates. Por otra parte, cuando esté listo o harto de mis viajes a lo ajeno, optaré por la gran broma de su Tarjeta Naranja, es decir, cuando aprenda a reír como el Mozart de aquel teatro llamado: “Solo para locos”, donde la entrada cuesta la razón.
-Es posible que llame de nuevo cuando aprenda a reír, pero dígame antes: ¿cómo puedo hablar con usted si no contesta teléfonos y yo puedo escuchar su voz?
-Tal vez al leer estas oraciones imagina mi voz. Su "locura" elegida, quizá, sea la causante de aquella incógnita.
-Su voz me ha atrapado como ese eucalipto que recuerdo cuando sueño, y es que tal vez, no estoy hablando con usted simplemente me estoy imaginando la voz de aquella que fue mi sueño en un mes lejano y desierto. Es decir, ya estoy soñando despierto, y es que en este momento acaba de llegar a la puerta de mi casa una nueva manera de enajenarme debido a la cortesía de la Tarjeta Azul.
-Lo que me parece es que la compañía Tarjeta Azul le ha ofrecido su alternativa de producto como una solución de corto plazo. Como trasfondo de esto, yo creo que más quejas tendrá a futuro si sigue tan fidelizado con esta empresa. Soñar despierto no es una solución que siempre servirá, más aún si son sueños que, tal vez, no haya intentado que se vuelvan realidad.
-No tengo otra alternativa aún no llego a la locura y tampoco he aprendido a reír. Espero volver a encontrar tu voz la próxima vez que llame. En este momento hay una llovizna que me habla y me pide caminar con lo que me queda de los productos de mi paquete recién llegado. Esta noche me despido, colgaré el teléfono y usted guarde sus ondas acústicas.
-Confío en que el aprender a reír llegará pronto. Trabajaremos en un nuevo producto inspirado en la necesidad de clientes como usted. Esperamos su llamada.
Él corta el teléfono y ella deja de sonar.
Autores: Dalma Llamoja y Alexis Baila
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