De alguna forma hoy andamos descalzos, tratando de recuperar aquellos zapatos que se fueron desintegrando cuando caminábamos juntos por la estepa. La noche que una vez descubrimos la alegría de soñar se ha perdido en los recovecos de nuestros locales. Recuerdo cuando me recibiste por primera vez, te tomaste el tiempo de chalar conmigo, yo te hablaba de estrategia y tú de esperanza. Yo te seguía comentando de mi viaje y tú de no pedir permiso. De alguna forma, desde aquel día, empezamos a recorrer el tiempo con amor y fuimos perdiendo los zapatos. Yo no sé si fue el mismo canto rodado roba sueños o la tierra en los pies que derrotaban las imágenes que idealizamos, sucedió, y aunque escribí algo totalmente distinto, por alguna razón, cada palabra similar a lo que acontecimos creías que hablaba de ti, como ahora, que tampoco lo hago, divago como si fuera la segunda parte de una noche lejana y sigo escribiendo cosas sin sentido. El final como siempre es la condena, tal vez suceda porque no he parado de leer a Julio desde que me enteré de una pérdida irreparable o tal vez de los repentinos pesares dirigidos hacia mis brazos que no me pertenecían, sino más bien, a la unidad de un proyecto que siempre escapa de los hombres. En fin: los viajes, las relaciones humanas, el mito, el recuerdo, todo ha sido profanado por la mirada terca que te convirtió en la persona favorita de aludir cuando siento que no debo hacerlo hacia nadie.
Para aquellos que perderán el tiempo en leer lo que acabo de escribir, debo confesarles que son recuerdos que se confunden en la madrugada, no tienen un destinatario más que a mí mismo: Una carta desgastada.
Blog de Alexis Baila-UNMSM 2010
martes, 7 de mayo de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
Algunas Palabras
Es curioso vernos distantes y tan prójimos, una vez creímos en la gloria del sueño, aquel que debe quedarse guardado ante el embate de la realidad. Creímos desmitificar todos los temores relacionados con los viajes y las propias relaciones humanas, no puedo creer mirarnos de frente con dueños y caminos paralelos, y a la vez dialécticos. Pero sucedió, sin poder preverlo y sin poder hacer nada, porque la realidad comenzaba a roer nuestras zapatillas llenas de canto rodado. No sé qué decirte cuando nos miramos de cerca, desconfiados y a oscuras. ¿Qué nos encontraremos algún día?, ¿que a pesar del tiempo seguiremos pidiendo licencia?, no solo sé, quisiera ser una epifanía andante para poder tomar las decisiones acertadas y convencerme totalmente que mi actual camino solo me llevará inevitablemente a mi primer amor, a mi primera pasión. Ahora solo espero, tranquilo, sin vislumbrar aquellos lóbregos cuarteles de invierno de nuestro querido Mario. Solo espero. En la curiosa canción que cantaba mi amigo Punquiaco, reseñaba desafinadamente - quiero creer a causa de la helada - la historia de su mayor temor, anhelo y mayor decepción. Alguna vez tú también serás Punquiacista sino lo que te espera es olvidarte de ti mismo, al menos, ser punquiacista me ayuda a ser querido por aquellos que tengo cerca. Cuando nos olvidemos de nosotros mismos nos quedarán las palabras: ¡Y si después de tantas palabras,
no sobrevive la palabra! Querido Vallejo: sobrevivirá el recuerdo y nuestra imagen del mundo en desorden que quisimos transformar en base en la solidaridad. En nuestro anhelado rojo-cuadrado.
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