¿Cómo poder temerte?
Si me llamas como una amiga
si me tomas la mano como adivina, aquella, que ha logrado leer mi alma
¿Cómo poder temerte?
Si te he llamado desde niño
y hoy que te haces presente no puedo cerrarte la puerta
¿Cómo poder olvidarte?
Si nadie se olvida de ti
todos saben que eres la única que no tiene solución
pero podemos distraernos un rato de tu rostro
¿Y cómo poder temerte?
Si sé que yo no he de morir nunca
si sé que veré la revolución
al hombre vivir en la luna
a mi hermano terminar la facultad
a mis amigos crear un nuevo paradigma
a mi pueblo crear la nación
a mi amiga leerme la mano
a mi misma amiga vuelta en esposa
a mi amor que nunca conocí
a mis padres, a los ojos de mis padres, que me ven hecho esperanza
Sé que siempre te busqué
que te evoqué noches enteras, alucinaciones eternas
que te rememoraba en cada palabra y en cada acción romántica
Solo quiero decirte, retamita
vuelva más tarde
en unos 30 años
en unos 10 libros escritos
en un par de hijos que amo y que ahora son tan mayores son tan fuertes que yo te diga:
¿Cómo he de temerte consentida?
Si nunca me olvidé de ti
solo que nos distrajimos de ambos unos 40 años.
Blog de Alexis Baila-UNMSM 2010
jueves, 13 de noviembre de 2014
viernes, 3 de enero de 2014
Los días serán nuevos días
Los días, ahora, serán
terriblemente cotidianos. No solo los días, también las horas, los meses, los recuerdos que poco
a poco se volverán imperfectos y eternos. Fui un ser inconexo, tratando de
eliminar las musarañas en mis zapatos. Quitando el polvo de las madrugadas
nietzschanas, causadas por aquel líquido tan maravilloso que tanto detesto y
amo, como me pasa con Lima, con el fuego, con las tonterías que escribo para
poder soportar mi debilidad, mis vértigos, mis errores, epitafios pegados con
alguna masa extraña en la cabecera de mi cama camarote.
Veo el techo y recuerdo las tejas
que nos gustaban en la sierra: tejitas marrones y salpicadas de rayos solares, de
brisa, de rocío y de todos los fenómenos atmosféricos que puedan convertir en
hermosas toda construcción rústica. La noche parece valiente cuando te
encuentras en los bolsillos mancuerdas capaz de derrotar al idiota que te habla
de la utopía, sin embargo, creíste o creímos que seríamos para siempre. ¿Cuánto
tiempo ha durado esta aventura? Meses, fueron más de trece, fueron muchas horas
despojados de las ventanas, de los espejos, de las vendas, de las máscaras, de
las mismas musarañas que se adherían al cuerpo cuando un beso sincero se posaba
por todos los triángulos, cuadrados, círculos y lóbulos de nuestras piezas
perfectas ante los ojos que se han quedado ciegos, desde esa parte del cuerpo interno
de la anatomía, según lo descrito por Benedetti. “El amor es ciego y siempre
estará acompañado por la locura”.
¿Qué recordaré? La alegría; el
miedo que murió poco a poco; las risas que tuvimos ante la estupidez de tus
amigos cuando especulaban sobre nosotros, lo admito, en mi caso fueron
carcajadas, aunque más bien, creo que fue una reacción poco esperada a las
palabras imbéciles, generalmente no le tomaba importancia, generalmente tengo
una memoria selectiva y solo recuerdo cosas importantes, confesando, que siempre
he tenido problemas con las fechas; la pasión; ser una mejor persona cada día a
causa tuya; saber llevar una relación (no pensaba ser tan inexperto para eso);
los días encerrados en una caja sin costo más que la entrega; las fechas que
aprendí a recordar; las horas que debí ser puntual; los lentes nuevos; la ropa
nueva; la lana desechada; la belleza y la sensualidad manifestada sin miedo ante la hipocresía; ante los comentarios sigilosos (de nuevo entre nosotros nos volvíamos
a reír del mundo); reírse del mundo, creer en el mundo; sentir en el mundo;
viajar en el mundo; aquella casa cruzada por un canal tiene entre sus paredes
las destrezas de nuestras mentiras debido a una causa justa.
La vida hoy parece ser terrible a
los veintitantos años, pero no es tan terrible, te volveré a encontrar,
dibujaremos de nuevo aquellas tejas, aquel manicomio, aquella casa perdida
entre los cerros, aquellos mangos y esos dulces lambayecanos. Dibujaremos y
escribiremos otras nuevas consignas, frases, versos, errores, mentiras,
canciones, refranes que ya nadie utiliza en el siglo XXI; pero juntos, juntos
al fin y al cabo, juntos rodeados de nadie porque la gente que nos rodeaba hablaba solo de fracasos, pero no fue un
fracaso, todo fue felicidad, fuimos felices a pesar que termino perdiendo lo bueno que tengo. Seremos felices cuando recordemos nuestras cosas, una sonrisa basta para suprimir el mundo. Tu sonrisa me volvía al mundo.
Al final, cuando estemos juntos
de nuevo, quizá, yo cometa menos errores, tal vez, tú ya seas libre, es muy
probable que no escribamos nada, porque de alguna forma, ya habremos madurado y
solo nos dedicamos a tratar de desarrollarnos en las Ciencias Sociales. No importa,
si terminamos juntos, no importa, al menos, tendremos la capacidad de escribir
un epitafio, uno que sea nuestro.
La forma menos humana se queda
sentada, ella se va con un te amo.
Los mosquitos del parque se
quedan pegados en sus zapatos, sus pantalones negros, su camisa a cuadros. Ella
se aleja. Otra persona más que se aleja. La forma se siente perdida, no puede
extender sus manos. Todo está perdido, tan perdido como aquellos mosquitos que
creen que las piernas de esta figura puede convertirse en un refugio. Se queda
solo, ella se sigue disipando. Este es lugar del bosque que todo lo cura. Ella
se pierde, cruza la pista, él la ve detenidamente. Ve un árbol, unos amantes, empieza a llover, recuerda un poema dedicado alguna vez en un viaje que terminó
en mala poesía. Se va, nos vamos, hasta los mosquitos han desaparecido, llueve, y no comprende de donde sale tanta agua.
Aquí se quedan solo los fantasmas.
Ustedes pueden irse
Yo me quedo.
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