Blog de Alexis Baila-UNMSM 2010







viernes, 3 de enero de 2014

Los días serán nuevos días

Los días, ahora, serán terriblemente cotidianos. No solo los días, también  las horas, los meses, los recuerdos que poco a poco se volverán imperfectos y eternos. Fui un ser inconexo, tratando de eliminar las musarañas en mis zapatos. Quitando el polvo de las madrugadas nietzschanas, causadas por aquel líquido tan maravilloso que tanto detesto y amo, como me pasa con Lima, con el fuego, con las tonterías que escribo para poder soportar mi debilidad, mis vértigos, mis errores, epitafios pegados con alguna masa extraña en la cabecera de mi cama camarote.
Veo el techo y recuerdo las tejas que nos gustaban en la sierra: tejitas marrones y salpicadas de rayos solares, de brisa, de rocío y de todos los fenómenos atmosféricos que puedan convertir en hermosas toda construcción rústica. La noche parece valiente cuando te encuentras en los bolsillos mancuerdas capaz de derrotar al idiota que te habla de la utopía, sin embargo, creíste o creímos que seríamos para siempre. ¿Cuánto tiempo ha durado esta aventura? Meses, fueron más de trece, fueron muchas horas despojados de las ventanas, de los espejos, de las vendas, de las máscaras, de las mismas musarañas que se adherían al cuerpo cuando un beso sincero se posaba por todos los triángulos, cuadrados, círculos y lóbulos de nuestras piezas perfectas ante los ojos que se han quedado ciegos, desde esa parte del cuerpo interno de la anatomía, según lo descrito por Benedetti. “El amor es ciego y siempre estará acompañado por la locura”.
¿Qué recordaré? La alegría; el miedo que murió poco a poco; las risas que tuvimos ante la estupidez de tus amigos cuando especulaban sobre nosotros, lo admito, en mi caso fueron carcajadas, aunque más bien, creo que fue una reacción poco esperada a las palabras imbéciles, generalmente no le tomaba importancia, generalmente tengo una memoria selectiva y solo recuerdo cosas importantes, confesando, que siempre he tenido problemas con las fechas; la pasión; ser una mejor persona cada día a causa tuya; saber llevar una relación (no pensaba ser tan inexperto para eso); los días encerrados en una caja sin costo más que la entrega; las fechas que aprendí a recordar; las horas que debí ser puntual; los lentes nuevos; la ropa nueva; la lana desechada; la belleza y la sensualidad manifestada sin miedo ante la hipocresía; ante los comentarios sigilosos (de nuevo entre nosotros nos volvíamos a reír del mundo); reírse del mundo, creer en el mundo; sentir en el mundo; viajar en el mundo; aquella casa cruzada por un canal tiene entre sus paredes las destrezas de nuestras mentiras debido a una causa justa.
La vida hoy parece ser terrible a los veintitantos años, pero no es tan terrible, te volveré a encontrar, dibujaremos de nuevo aquellas tejas, aquel manicomio, aquella casa perdida entre los cerros, aquellos mangos y esos dulces lambayecanos. Dibujaremos y escribiremos otras nuevas consignas, frases, versos, errores, mentiras, canciones, refranes que ya nadie utiliza en el siglo XXI; pero juntos, juntos al fin y al cabo, juntos rodeados de nadie porque la gente que nos rodeaba hablaba solo de fracasos, pero no fue un fracaso, todo fue felicidad, fuimos felices a pesar que termino perdiendo lo bueno que tengo. Seremos felices cuando recordemos nuestras cosas, una sonrisa basta para suprimir el mundo. Tu sonrisa me volvía al mundo.
Al final, cuando estemos juntos de nuevo, quizá, yo cometa menos errores, tal vez, tú ya seas libre, es muy probable que no escribamos nada, porque de alguna forma, ya habremos madurado y solo nos dedicamos a tratar de desarrollarnos en las Ciencias Sociales. No importa, si terminamos juntos, no importa, al menos, tendremos la capacidad de escribir un epitafio, uno que sea nuestro.
La forma menos humana se queda sentada, ella se va con un te amo.
Los mosquitos del parque se quedan pegados en sus zapatos, sus pantalones negros, su camisa a cuadros. Ella se aleja. Otra persona más que se aleja. La forma se siente perdida, no puede extender sus manos. Todo está perdido, tan perdido como aquellos mosquitos que creen que las piernas de esta figura puede convertirse en un refugio. Se queda solo, ella se sigue disipando. Este es lugar del bosque que todo lo cura. Ella se pierde, cruza la pista, él la ve detenidamente. Ve un árbol, unos amantes, empieza a llover, recuerda un poema dedicado alguna vez en un viaje que terminó en mala poesía. Se va, nos vamos, hasta los mosquitos han desaparecido, llueve, y no comprende de donde sale tanta agua.

Aquí se quedan solo los fantasmas.

Ustedes pueden irse
Yo me quedo.