Blog de Alexis Baila-UNMSM 2010







sábado, 8 de diciembre de 2012

LA REVOLUCIÓN DE LOS ARTISTAS


Es importante hacerlo
quiero que me relates/tu último optimismo
yo te ofrezco mi última/confianza
aunque sea un trueque mínimo…”
Mario Benedetti

En el centro de Lima siempre ha habido un espacio donde cualquier persona era aceptada por el simple hecho de ser ella y querer expresarse, fueron catorce años los que duró el centro cultural “El Averno”, el arte, era el alimento y como diría Nietzsche: “No hay mejor artista que el que vive por su arte y su pan”. Creación, reconocimiento, tolerancia, consecuencia, disconformidad ante lo establecido se respiraban en aquel punto del jirón Quillca. Solo eso se necesitaba para poder entrar. El espacio era el encuentro de lo buscado sin pedirlo conscientemente, lo buscado no solamente en un lugar sino en cada calle del país. Existía música hecha por artistas que reciben de paga la atención, había sikuris que tocaban al Inti y la Pachamama, poetas con sus versos de amor y de cambio; grupos de rock que denunciaban a los políticos junto con voces en contra de una cultura política: clientelar, corrupta e inescrupulosa; se reunían los antitaurinos (que encendiendo velas ante el Cristo de la pieza) se preparaban para marchar hacia la plaza de Acho por un mundo sin sangre; habían jóvenes y viejos jóvenes que defendían tenazmente la huaca Puruchuco y todos los que visitaban el lugar jurarían hacer algo contra el Fujimorismo, Sendero Luminoso y el MRTA si intentasen volver. Cuántas veces se escuchaba: “CONGA NO VA” y “VAYAMOS A DEFENDER LO QUE NOS PARECE JUSTO”.

Los fulgurantes colores de los murales expresaban más que representaciones de la realidad eran emociones de un pequeño Perú. Un Perú que se reconoce pluricultural.  
En “El Averno” se estaba gestando una nueva sociedad ante un Perú que apremia porque se empiece a forjar. Esta sociedad no estaba siendo ideada por políticos o científicos, los pilares lo estaban construyendo los artistas. En la sociedad de “El Averno” no existían caudillos que eran elegidos en votaciones, habían líderes que tenían legitimidad y que además practicaban la redistribución y la reciprocidad, con arte, claro está. Aquí no existían clases sociales sino individuos, empero, individuos que se formaron dentro de esta incipiente sociedad con base en el respeto mutuo. No se tenía una ideología - venida de tierras lejanas con sus respectivas utopías - parecería que se estaban formando unas nuevas, por antonomasia, dentro de cada sociedad existen, aunque nos vendan que han muerto: están vigentes, tener una ideología no significa dogma quiere decir más bien: un conjunto de creencias que tiene cada persona sobre el mundo y el hombre, y orienta su conducta a ciertos valores aceptados como correctos. A partir de esto, cada individuo tiene una idea del hombre y del mundo así como lo que cree cabal, en ese sentido, significa libertad de pensar y de creer. Parecería que hoy estamos en contra de aquellas ideologías y utopías extrapoladas perpetuamente al país. No puedo decir que debamos de seguir pensando que las que tuvieron un arraigo mundial: estén vigentes, sean las más adecuadas para el País o si están aún en desarrollo; lo cierto, es la persistencia de “valores arraigados” perjudiciales para nuestra sociedad que con el tiempo y con los movimientos formados anteriormente, no han podido ser superados.

¿Quiénes son los llamados a construir estas nuevas ideologías o reformular las ya existentes de acuerdo a la realidad del país? Es la juventud, la historia nos ha demostrado que son los movimientos juveniles quienes han propiciado los grandes cambios a nivel mundial: un ejemplo es el “Mayo 68” francés (jóvenes que desde la reforma universitaria criticaron una sociedad conservadora y plantearon una visión de sociedad más libre y justa convirtiéndose en un gran movimiento político y cultural: las canciones de protesta del rock, el feminismo, el ecologismo, el hipismo, Antonio Cisneros, no fueron casualidad, todos tuvieron influencia de este suceso).
Tenemos el deber histórico de empezar a germinar (lo que El Averno, quizá, sin darse cuenta lo estaba haciendo) una nueva sociedad que vaya en contra de estos valores arraigados y que hoy son problemas visibles en el día a día por individuos gobernados por la indiferencia, la superficialidad, el bienestar individual, la frivolidad, la neurosis, el desasosiego, la conformidad, el atomismo, la moda, etc. Construir una distinta sociedad para construir nuevas institucionalidades, así es, nuevas organizaciones y estados, parecería que estamos ante el umbral de formarlo porque cada vez vemos la efervescencia de colectivos juveniles con distintas reivindicaciones y propuestas, pues, cada tiempo está gobernado por un espíritu epocal – como diría Hegel. Es la era de no vendernos simulacros, de empezar a juntarnos para encandilar un movimiento que se cuestiona lo que le circunda y no está conforme ante la injusticia, el racismo, la indiferencia, la falta de pluralidad, la corrupción, la contaminación ambiental, la discriminación sexual, el arte de la industria cultural y exige se funden nuevos valores y revalorar algunos que han sido excluidos por aquellos que dominan los medios de comunicación o la cultura de una sociedad en decadencia. Es el tiempo de que los jóvenes formen su propio movimiento y que dentro de la definición de revolución no se encuentre la frase: “Lucha armada”. Por el contrario, redefinir revolución teniendo en cuenta el respeto de ideas, nuevas estrategias de tomar el poder y nueva democracia; donde la política no signifique corrupción y mediocridad, sino un cargo decoroso para la comunidad practicada por honestos, honrados y sabios. Debemos construir nuevos mitos y acabar con los decadentes (¡de qué sirve la juventud sino es iconoclasta!), organizarnos y proponer un nuevo país donde tengamos verdadero voz y voto.
¿Se preguntan cómo empezaremos? Inicialmente: juntándonos, que no seamos átomos que terminan repelidos debido a su extremo voluntarismo (sucede por no organizarse) se debe construir una voluntad colectiva; luego: empezar a canalizar nuestros ideales en acciones con ideas que no repitan los errores del pasado y que refleje que hemos aprendido de los desaciertos; posteriormente: nuestras acciones deben tener un fin y debemos expresarlo, ¿cómo lo expresamos?, empecemos con el arte (es la mejor forma de poder llegar a todas partes). Un arte con esta nueva visión del mundo, de país, que tenga una nueva voz: política, cultural y social. Un arte inherentemente contestatario que sobrepase las fronteras locales, regionales y nacionales.
Los artistas manejan su propio lenguaje y saben cómo llegar a los corazones deseosos de un cambio para trabajar en un mejor mañana. Tomemos las calles con esta nueva voz, con este nuevo espíritu, “El Averno” ha sido un laboratorio, debemos de empezar a reproducirlo por todos los rincones donde haga falta: ¡Qué se abran mil Avernos y pintemos monumentos con estos nuevos valores!, porque como iconoclastas destruimos aquellos íconos que enarbolan una falaz independencia porque sabemos que estamos inmersos en un sistema que homogeniza a los hombres y acalla la voz de quienes (ciertos representantes) consideran personas de menor categoría. Nosotros nos damos cuenta y debemos tener una respuesta; por ello, debemos de formar un movimiento cultural que llegue hasta los recovecos más lúgubres y encienda la chispa de los peruanos para la creación de un país distinto, construir espacios que alberguen insólitas sociedades, organizaciones que propongan un país diferente (la reforma universitaria nos abre esta posibilidad) y enarbolar nuevos mitos: como la generación del Bicentenario (somos esa generación y tenemos del deber histórico de estar a la altura de la generación Centenaria como de cimentar mejores mundos posibles), formular diferentes utopías y construir una organización social que nazca desde las bases sociales donde su premisa fundamental sea la horizontalidad.
Por ahora, el centro cultural El Averno, ha cerrado sus puertas luego de albergar este inicio de querer cambiar las cosas y es seguro que ha calado en la mente y el corazón de las personas que alguna vez recorrieron sus paredes pintadas de esperanza, el sistema neoliberal ha ganado algunas batallas pero por el momento no ha ganado la guerra. Este espacio escondido de Quillca nos deja una enseñanza de lucha, sacrificio y esperanza para formar un deseable país. Y siempre recordaremos a las personas - que de seguro no les gustan que las mencione porque no son vanidosas - que fueran capaces de sostener el lugar durante mucho tiempo.  
A partir de aquel ejemplo, las nuevas generaciones deben despertar y organizarse para luchar por las grandes transformaciones: empezando por la revolución de los artistas. Autores que cuentan con pinceles, lápices, historietas, fanzines, esculturas, poemas, cuentos, guitarras, tambores, zampoñas, y su propio cuerpo para combatir guiados por nuevas ideas con un nuevo espíritu para un mejor futuro. Y quién sabe, el Perú es una sociedad matriz, tal vez, este flamante movimiento juvenil desencadene un movimiento mundial.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Epístola III


Los días se han vuelto terriblemente cotidianos, la idea intermitente de estar en el lugar adecuado y que aún así no llena el corazón explica el problema sin resolver del lienzo sin pintar aquel preludio de rombos naranjas. Piensa un poco, mira: ¿sabes qué ustedes tienen para elegir? Y ¿qué nosotros podemos poseer a quién quisiéramos? Deja de contemplar tus labios, escucha, ayer por ejemplo te decía muchas palabras que no entendías y yo seguía insistiendo tontamente en que puedas ver algo de mis tinieblas, mas, por otra parte, me alegraba tu miopía: nadie se merece poder ver a través de los ojos: es mejor no hacerlo – nunca intentes poner en tus pupilas una legaña de perro, me decía mi abuela. Es mejor que siga existiendo la posibilidad de la ilusión y que jamás se revele el engaño. Mirémonos ahora: tienes razón, ni yo sé qué estoy hablando, sin embargo, quería llegar a un punto. La posesión del ser: quizá, el inútil intento de amar lo que no se quiere: tal vez, cambiar el rumbo de la acera que se enmaraña hermosamente en un camino estéril: es probable. Vuelvo a pensar algo distinto sin importarme que haya ilación: hace un año subrayaba las materias que no me gustaban y tenía una excusa perfecta para no asistir hacia aquellos días dentro de cuatro paredes sin techo que rodeaban un árbol fantasmagóricamente anaranjado y simplemente me "llegaban", conforme mi cavilación anterior,  seguí avanzando en un rumbo diferente y me encontraba radiante debido a mi nueva estrategia. Hoy en día, reviso mis nuevas materias, ya no subrayo ninguna, bueno… solo unas cuantas, esas que tienen que ver con procesos y burocracias, es imposible que alguien pueda evitar que me salte capítulos: ni siquiera el amor lo lograría. Hoy, no me llega casi todo – es cierto. Pero quisiera mencionar (ya que tengo la oportunidad de decírselo a alguien que besa mis ojos cristalinos y conoce aquel aparato autista que habito en las mañanas) mi odio a unos estrafalarios cuatro pisos que se envuelven como un dragón rojo y desfasado en el cielo, y que cuyos órganos lo vuelven un sistema tan perfecto para la estupidez y la nostalgia. Lo siento, recordé lo anterior porque acabo de ver espirales de sangre en la pintura de Pollock, que apareció abruptamente en este jirón que une la superficialidad. Esto días se han vuelto inútiles y me sorprende que me quieras, es tan cósmico y esperanzador siempre el cariño, que aveces, salva. 
Última frase sin sentido, lo prometo, luego te escucharé sin decir palabra alguna hasta cuando estemos en casa y nos miremos frente a un espejo que despoja nuestras prendas. Me acaban de decir que he crecido, puedes creerlo.. por favor, escucha por última vez. Dicen que he crecido, y yo, me siento constantemente - esa constante que nunca tiene pausas – agachado, escribiendo en las aceras de la catedral, escupiendo blasfemias en sus rocas coloniales, tampoco puedo evitar la necesidad de caminar sin linderos en esta gran broma que me consume en un sueño ludopático  y entonces empiezo a recorrer lo único que amo y me hace sentir vivo, acertaste: un florilegio desgastado.