
Luego de haber dado la introducción a mi blog y haber fundamentado la necesidad de crearlo, ahora les comentaré porqué el título, porque el blog se llama: “Las confesiones de Cyrano”.
Quizá la frase suene trillada, pero en realidad es para confesar, sí hacer eso, comunicarles, expresar, inspirar. Pero fundamentaré porqué el nombre de Cyrano.
Bueno Cyrano es mi seudónimo, un seudónimo que aparece en la secundaria – sí, en esa época confusa y difícil de nuestras vidas – aparece ahí. Mi Cyrano lo califico como mi “autodenominada paradoja” porqué, porque así nació por contradicciones, por ofuscaciones, por miedo, por preguntas, pero principalmente por el amor o lo que creí haber sentido alguna vez.
No sé si todos conozcan la historia de CYRANO DE BERGERAC, si no es así se las comentaré brevemente basándome en la obra de Edmond Alexis Rostand.
Cyrano era un soldado y poeta a la vez, está enamorado profundamente de su prima Roxane, él puede reunir todas las características perfectas para poder enamorar a cualquier chica, qué mujer no desearía tener a un hombre romántico y aguerrido a la vez, un ser culto y atlético; pero Cyrano tiene un gran defecto y ese gran defecto es su gran nariz, esa enorme nariz no lo deja ser el hombre galante que desea y puede ser, no se considera un ser bello físicamente y ése es su principal impedimento para estar con su bella Roxane, sí tiene miedo.
Roxane a la vez se enamora de Cristián, él es un nuevo soldado que había llegado a la ciudad y que coincidentemente está en el mismo cuerpo de batalla que Cyrano, Cristián en palabras de la misma Roxane era el hombre más bello que jamás había visto, se enamora físicamente de él.
Cyrano ante ver esto y al ser incapaz Cristián de que salgan versos de amor para Roxane, y ante la incapacidad de Cyrano para confesárselos, es que Cyrano propone a Cristián escribir él las cartas de amor a su amada, para que de algún modo – aunque no a su nombre – Roxane escuchara las bellas palabras que Cyrano tiene para ella.
Así ocurre la historia, el amor que tenía Roxane hacia Cristián que primero era físico con las cartas de Cyrano, se vuelve un amor más profundo y sincero, es pocas palabras se vuelve un amor real que no solo mire la parte física del soldado si no sus sentimientos, su corazón.
Roxane le confiesa eso a Cristián y él inseguro le pide a Cyrano que le cuente la verdad a Roxane y que le preguntara a quien de los dos elegiría al Cristián bello, o al feo y romántico Cyrano.
Cuando Cyrano estaba a punto de confesarle su amor a Roxane (todo esto sucedía en pleno campo de batalla), Cristián es alcanzado por el fuego enemigo y este queda con pocos minutos de vida, ante ese hecho, en el lecho de muerte de Cristián, Cyrano, nunca le dijo la verdad a su amada y mintío a Cristián, dijo que Roxane a pesar de escuchar la verdad lo había elegido a él, llevándose ese secreto a la tumba a pesar que Roxane ya le hubiera confesado que amaría al hombre de las cartas a pesar de que no fuera bello. Ella no supo la verdad y Cyrano nunca pudo estar con la persona que más amaba, Cyrano había vencido a todos sus enemigos en batalla, pero nunca pudo vencer a la vanidad.
Bueno cómo me identifico con este Cyrano de Bergerac, pues en lo que nos enseña la obra, que los miedos que tenemos cada uno de nosotros no nos hacer vivir en felicidad, nunca podemos vivir con miedo.
Algo similar a la historia de Cyrano me sucedió en la adolescencia, yo incapaz de decirle a la chica que me gustaba, por timidez, esa típica timidez que tenemos los hombres antes las mujeres, no me atrevía a decirles que me gustaban y para ello les escribía cartas con seudónimos, pero ellas nunca sabían quién las escribiría, caso curioso con estas chicas, sólo me bastaba verlas sonreír, poder captar esa magia de una mujer cuando se siente deseada, alagada o amada, ver aquellos ojos de pureza en el amor adolescente era lo que me bastaba para poder ser feliz por un instante, porque a pesar de que no lograba una relación amorosa con ellas, sentía como se podría sentir el amor, o la magia del amor en un instante que mis ojos apreciaban y que eran puros, pureza que en este mundo llena de malicia y morbosidad ya no podemos apreciar.
Había pasado tiempo, ya no mandaba cartas de amor porque se había ido la última chica a quién le había escrito, luego de ella nada me interesaba más que Basadre y su tomo VII de la Historia de la República, hasta que apareció una chica que me haría descubrir el mundo mundano y morboso de quien yo siempre había estado alejado y a quién yo quería rescatar a aquella chica de ese mundo, me involucré demasiado con ella, hasta el punto de enamorarme, era mayor que yo y sabía muchas cosas de la perdida vida urbana donde me mantenía al margen lo mayor posible. Sí con ella descubrí el alcohol, los cigarrillos y el sexo, y mucha más cosas, tonto de mí creía que con el amor podía cambiarla – qué hermosos son aquellos días de inocencia, no lo creen, cuando pensamos que el amor puro podemos cambiar el mundo, hasta cuando nos encontramos con el mundo real y nos damos cuenta que nuestro mundo de ilusiones nunca existirán, eso solo quedan para los soñadores y románticos en mundos de papel – sí pensé que podía cambiarla, pero en lugar de eso, ella me empezó a cambiar a mí. En ese lapsus de tiempo descubriendo la vida mundana y la perdición adolescente es donde mi Cyrano empieza a tomar forma. Tenía un amigo que también como Cristián era galante, totalmente bruto, pero que me pidió ayuda para escribirle a aquella chica cartas de amor, él era mi mejor amigo y sabía lo que hacía con las palabras, acepté porque nunca diría a aquella chica lo que sentía – en este caso yo sería el feo Cyrano, pero en realidad siempre he sido el temeroso Cyrano y si se preguntan a qué tengo miedo, pues es miedo a enamorarme, aunque suene tonto decirlo, es mi miedo que aún hasta hoy sigue, eso lo descubro años después cuando Cyrano toma su máxima expresión en la academia con mi bella Sorian, pero esa es otra historia. - Cómo les seguía comentando, las cartas de amor iban para aquella chica que me enseñó un mundo diferente al que yo no había estado acostumbrado, sí me había enamorado perdidamente de ella, quizá porque era mi polo opuesto o quizá porque era una loca total y siempre pensé que la locura es una de las características de los hombre para poder empezar a amar.
Al igual que Roxane, aquella chica se enamoró de las cartas, un día ella discute con mi mejor amigo, él termina con ella y en un arrebato de cólera en plena trifulca entre la adolescente pareja, mi mejor amigo le confiesa que ella nunca lo inspiraría a él para escribir tales palabras, que era su mejor amigo quien lo había hecho, o sea el tímido Cyrano, ella viene a mí y me lo pregunta y tal como Neruda le dije que sí lo había hecho, porque yo era incapaz de negar mi obra. Ella confiesa en realidad estar enamorada de mí y no de él, pero como no la acepté ya habían sucedido cosas que no me permitía estar con ella, qué sería, no lo sé; miedo, orgullo, desilusión por no haberla transformado en lo que quería – más tarde comprendería que en amor, se debe amar tal y como es la persona, porque en ese caso ya no sería amor si no un arreglo – nunca estuve con ella y me refugiaba en mis libros y mis escritos.
Todo lo que había acontecido anteriormente, había pasado sin haber leído la obra de Rostand, curiosamente encuentro ese libro en el boulevard de la cultura de todo sanmarquino o de todo proletario peruano, el girón amazonas, es ahí donde leo aquella historia y en la época en donde el rock ya había influido en mí y donde todos buscamos un seudónimo para hacer conocidos en el ámbito local decidí ponerme aquel nombre merecedor de un capítulo de mi vida que no sabía que ya había ocurrido hace cientos de años atrás, donde se comprueba lo que decía Rybeiro: “el anacronismo en la literatura” y también personalmente creo que los sucesos de descubrimiento del amor entre los hombres, siempre son historias similares.
Cyrano empieza a formarse cuando no sabía que lo era por lo vívido en la adolescencia, lo descubrí por causalidad, porque no creo que el haber encontrado ése libro haya sido por casualidad.
Mi Cyrano como lo dije anteriormente se refleja en su plenitud en la academia a inicios de mi vida juvenil y que aún hasta ahora sigue vigente en mis escritos y en mi vida amorosa y quizá cotidiana.
Cyrano en Alexis quiere decir, aquel que tiene miedo a enamorarse, los miedos como Rostand nos decía nunca nos ayudará a alcanzar la felicidad, y es algo que aún no supero y espero hacerlo algún día, tal como Cyrano también soy un soldado, pero no un soldado que defiende una monarquía, si no un soldado del pueblo que está dispuesto de forjar con sus ideas y sus acciones un mejor mañana para este país que tanto necesita de la juventud.
Cyrano aún sigue vigente y mi Roxane en realidad se llama Sorian, aquella que aún hasta hoy amo y que he decidido amarla en el recuerdo, porque me ha inspirado en versos y relatos tan bellos con ella misma, Sorian es la que aún amo y que no me ha permitido amar a otras, aunque lo he intentado – créanme – pero aún ha de estar aquí, nunca le diré que la amo como nunca he amado a otra, ella ya tiene un espacio en mi corazón que no será borrado.
La amo en silencio, que es lo mejor que sé hacer, prometimos nunca olvidarnos y hasta hoy lo he cumplido, no sé si ella aún me recuerda.
Ella siempre está inspirándome cuando escribo y es la protagonista de mi mundo de papel, aún tiene mi corazón y no lo ha devuelto, aunque ni siquiera sabe que lo tiene; pero aún le soy fiel en los sentimientos más no en los romances, no sé si aún ella me recuerde, pero ya les contaré amigos la historia de mi Sorian y la inmortalización en mi ser de mi Cyrano.
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